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Documento del Congreso: “Asegurando el futuro de Europa”

Aprobado en el Congreso del PPE (Malta), 29 y 30 de marzo de 2017

  1. Nuestra Unión de éxito y esperanza

Europa ha vivido en los últimos años una serie de crisis. Y aunque el proyecto europeo ha sufrido en el pasado diversos contratiempos y estancamientos, la situación actual parece ser especialmente grave. Nos encontramos en un momento particularmente decisivo: o nos encaminamos hacia una Europa más fragmentada o decidimos cambiar el curso y (re)modelar Europa para adaptarla al siglo XXI y de este modo poder responder a los intereses de nuestros ciudadanos  ¡El PPE aboga sin duda por la segunda opción! No tenemos que olvidar que la elección de este camino es un estímulo para redescubrir nuestra  verdadera  identidad.  Visto  desde  una  perspectiva  más  amplia,  la  integración europea ha sido todo un éxito. En estos tiempos tan críticos, es importante ser conscientes de  ello.  La  Unión  Europea  ha  garantizado  durante  casi  70  años  paz,  democracia  y prosperidad para sus ciudadanos y sus Estados miembros. Sigue siendo todavía el mayor logro político de la historia favoreciendo a los ciudadanos de nuestro continente. La Unión Europea y los propios europeos han superado una historia trágica gracias a nue stra propia liberación de las dictaduras fascistas y comunistas. Hemos creado una nueva imagen de Europa en el mundo, muy alejada del imperialismo y del colonialismo. Aspiramos a convertirnos en una potencia a nivel regional y mundial, impulsada por nuestr os valores judeocristianos y humanistas, así como nuestra herencia grecorromana y los valores de la Ilustración. Hemos mejorado el Mercado Único y permitido la libre circulación de personas, mercancías,  servicios  y  capitales  entre  los Estados  miembros;  hemos  creado  una  unión monetaria y la hemos defendido frente a los retos de una crisis económica y financiera a nivel mundial. Hemos retomado la senda del crecimiento económico y de la consolidación fiscal en la mayoría de los Estados miembros. Incluso hemos conseguido atraer a muchos más Estados. Deberíamos  sentirnos  orgullosos  de  estos  logros  y  hacer  hincapié  en  ellos  con  mayor frecuencia. Pero no podemos darlos por sentado y deberíamos aprender de nuestros errores. La  Unión  European  está  pasando  actualmente  por  unos  momentos  difíciles,  al  igual  que nuestros Estados miembros y sus respectivas democracias. Todas las ideas que conformaron la democracia liberal y defendieron la cohesión social están siendo cuestionadas en un nuevo mundo lleno de todo tipo de incertidumbres.

Nuevos retos

Los europeos deben afrontar nuevos retos. Algunos retos proceden del exterior: ataques terroristas, cambio climático, migración incontrolada, guerras en Oriente Medio, la agresiva violación de la libertad y de la paz por parte de Rusia, oportunidades económicas y sociales, así como los retos propios de la globalización. Otros, tienen su origen dentro de la propia Unión Europea: los cambios demográficos, el radicalismo político, los populismos de derechas y de izquierdas, la elevada tasa de desempleo y las desigualdades cada vez mayores. La UE debe concentrarse en políticas con un auténtico valor añadido europeo las cuales los Estados miembros por sí mismos no pueden ofrecer. Los retos van más allá de la economía dado que, en  determinados  Estados  miembros,    el  desempleo  y  la  incertidumbre  económica  siguen estando en un nivel inaceptable. Estos retos afectan a la seguridad, el calentamiento global, la distribución equitativa de la riqueza, el funcionamiento de la democracia a todos los niveles de poder, el Estado de derecho y una sociedad responsable y libre con unos medios de comunicación independientes.

Las sociedades  abiertas, las democracias abiertas y las economías abiertas  de la UE están siendo amenazadas por un nacionalismo nostálgico que podría ser perjudicial para nuestra prosperidad y que debilitaría nuestros valores. A los europeos les preocupan sus puestos de trabajo, sus ingresos y pensiones, su identidad, su vida  comunitaria  y  su  seguridad  personal.  Esta  preocupación  es  aprovechada  por  los extremistas, tanto de izquierdas como de derechas. No obstante, el PPE intenta transformar este miedo en esperanza. Todavía existe un enorme potencial para lograr un cambio positivo en nuestras sociedades: A corto plazo, los europeos quieren ver resultados en las áreas que más les preocupan. Pero los líderes políticos deben tener también en mente el futuro a largo plazo. En este mundo globalizado se ha debilitado la soberanía democrática; la soberanía auténtica y eficaz solamente puede ser restaurada con el agrupamiento de las naciones. Europa sólo puede actuar con firmeza e independencia si lo hace en su calidad de comunidad.

Anticipar el futuro

En el pasado se prestó muy poca atención al hecho de construir unos cimientos sólidos y ofrecer un apoyo público continuado a los principales proyectos que transformaron nuestro continente: por ejemplo, la moneda común, la libre circulación de personas, la unificación de nuestro continente entre otros.  En consecuencia y cuando sea necesario debemos analizar los problemas y adaptar nuestras prioridades para que sean más sostenibles y más fácilmente aceptados. Debemos buscar respuestas a las consecuencias de los cambios demográficos en marcha, así como a las revoluciones digitales y energéticas que se están produciendo ante nuestros ojos; para la competencia mundial que cada vez tendrá un mayor impacto; para la lucha por la supervivencia de nuestro planeta, así como a los nuevos peligros bélicos y de inestabilidad, tanto con nuestros vecinos como en otros lugares. La Unión Europea debe desempeñar un papel importante a nivel regional y mundial. En estos tiempos difíciles no deberíamos eludir nuestras responsabilidades. ¡Al contrario, debemos poner el listón alto y “pensar a lo grande”! Para los próximos diez años necesitaremos ambición, visión, coraje y una colaboración mucho más consolidada, así como cohesión en todos los niveles de poder. La Unión Europea no es la única solución, pero sí una solución fundamental. Una Europa más fracturada será una Europa menos  segura.  Divididos  nos  desplomaremos,  pero  si  actuamos  conjuntamente, triunfaremos. Este esfuerzo colectivo debe tranquilizar a nuestros conciudadanos y protegerlos. La Unión no debe fracasar ya que el coste de la “no Europa” será enorme y no tan solo económicamente.  No  podemos  limitarnos  a  crear  un  “espacio”  para  la  libre  circulación; también debemos crear un “lugar”, un hogar, que nos proteja. El PPE debe buscar una nueva síntesis entre apertura y protección; debe mostrar una identidad abierta al mundo en términos nacionales y europeos, precisamente porque esta identidad está arraigada y se siente segura de sí misma. Esta tensión entre apertura y protección no se limita al ámbito de la UE. Existe en todos  nuestros  países,  en  EE.  UU  y  en  cualquier  otro  lugar  del  mundo.  Debemos  saber encontrar el equilibrio.

Las naciones-estado son los maestros de los Tratados. La nación simboliza la identidad histórica y cultural. La UE y las naciones que la forman no se contradicen sino más bien se reafirman y complementan entre sí. También queremos dar a nuestros ciudadanos un conocimiento mejor del funcionamiento de nuestras instituciones y de sus ventajas para nuestros ciudadanos y fomentar la adquisición de una mayor conciencia de ciudadanía común europea. Durante la próxima década deberemos trabajar dentro del marco institucional existente de la Unión, que fue radicalmente reformado y reafirmado en 2009. Deberemos reflexionar largo y tendido sobre los futuros cambios necesarios para conseguir que nuestra Unión sea más transparente, más eficaz y más democrática.

Un nuevo espíritu

Debemos revitalizar el espíritu de moderación y cooperación, así como el de la solidaridad emparejada con la responsabilidad, que siempre han caracterizado las acciones políticas del PPE. Nuestros valores radican principalmente en la idea cristiano-demócrata del personalismo, en una democracia liberal con controles y contrapesos, en el Estado de derecho, en la no discriminación, en  la  igualdad y dignidad de todos, en las libertades fundamentales, en la separación entre Iglesia y Estado, así como en la economía social de mercado. Ante todo estos principios deben ser garantizados por nuestras propias estructuras. La cohesión política y social debería basarse en este conjunto de ideas que conforman los cimientos de nuestra civilización. Debemos movilizar a los principales impulsores de la sociedad civil para afianzar la cohesión social. Debemos favorecer los recursos comunitarios y familiares que hacen que la sociedad sea un lugar mejor y un entorno más moderado para el intercambio de ideas. Debemos fomentar el diálogo  entre  las  religiones  y las convicciones; y  lo que es más  importante,  las diferentes culturas pueden y deben convivir dentro del mismo marco general de valores.

Las organizaciones políticas y sus miembros tienen una enorme responsabilidad en el debate sobre la idea europea y la cuestión de la convivencia en una sociedad. Para combatir el miedo, la agresividad, la polarización y el extremismo tenemos que hacer cuanto esté en nuestras manos teniendo que abogar por la creatividad, la generosidad, la vitalidad y la justicia social. En pocas palabras, apostar por la esperanza. Debemos contribuir a ello a través de resultados concretos y mediante nuestros mensajes europeos así como los de otros y por medio de un discurso positivo en Europa.   No dudaremos en defender nuestra identidad común europea. Debemos movilizar todos los medios disponibles para explicar a nuestros ciudadanos, y en especial a la generación más joven, el significado de la pertenencia a la UE. La próxima década será decisiva.

  1. Una Unión próspera, sostenible y equitativa

Nuestro sistema socioeconómico de iniciativa empresarial necesita crecer para poder crear puestos de trabajo, sobre todo para los jóvenes, y sentar una base financiera para nuestros sistemas de seguridad social. Pero eso no es todo. El crecimiento necesario debe ser más sostenible, más equitativo y más acorde con la globalización. El estancamiento a largo plazo se avecina y debe ser evitado. La economía de la Eurozona se recuperó hace dos años y los demás miembros de la Unión han alcanzado mejores resultados. Pero, al igual que antes, eso no es todo. Necesitamos una estrategia para el conjunto de la Unión, una estrategia que pueda implantarse a nivel nacional. La UE es mucho más que la suma de sus partes, es decir, de los Estados miembros.

Debe fomentarse la inversión pública y privada. Existe un déficit de inversión en toda la Unión, y por consiguiente, de un potencial de crecimiento sostenible. Debemos aumentar la capacidad de las autoridades nacionales y locales para estimular las inversiones a largo plazo. Especialmente para las PYME de todos los sectores económicos, la recreación de un entorno favorable para la iniciativa empresarial, para la promoción de la inversión privada que necesita contar con un sistema bancario sólido, un capital de riesgo abundante y una demanda interna adecuada. Si fallan las fuerzas del mercado la Unión deberá prestar ayuda, entre otros interlocutores. La inversión pública puede resultar necesaria para generar oportunidades a la inversión privada y la creación de empleo. El nuevo presupuesto de la UE para el período posterior a 2020 deberá reorientarse hacia unas políticas financieras con un verdadero valor añadido europeo. La propuesta del Marco Financiero Plurianual (MFP) puede considerarse una reflexión presupuestaria sobre las prioridades de la Unión. Es una oportunidad para evaluar y restablecer las prioridades políticas. La Política de Cohesión debe proteger los puestos de trabajo existentes y crear otros nuevos a través de inversiones en la economía real. El Plan Juncker de inversiones estratégicas (es decir, el Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas, o FEIE) es un paso decisivo en esta dirección. Debería convertirse en un instrumento financiero permanente para nuestra Unión y trabajar en sinergia con otros fondos de la UE. Debería aumentarse su capacidad para la inversión.  El FEIE es un excelente ejemplo de cómo la inversión pública puede y debe impulsar la inversión privada. La Política de Cohesión con posterioridad a 2020 debería seguir siendo una política de inversión de la UE que contemple todos los Estados Miembros y a todas las regiones de la UE. En el futuro debería mantenerse el intercambio de la Política de Cohesión en el presupuesto total de la UE. La política presupuestaria nacional debe dar prioridad a la inversión pública en la infraestructura tradicional y en sectores orientados al futuro tales como Investigación y Desarrollo (I+D), así como en educación y defensa. Europa generalmente va a la zaga del resto del  mundo.  Esta  tendencia  debe  invertirse.  Debemos  ser  más  ambiciosos.  El  programa Horizonte  2020  es  un  excelente ejemplo de cómo  avanzar, por  lo  que debe  asegurarse e incrementarse su presupuesto. Ofrecer una mayor ayuda técnica in situ es fundamental para abordar la brecha de inversión entre los Estados miembros. El SME es uno de los instrumentos más eficaces del Horizonte 2020. Por consiguiente, debería existir una comunicación más selectiva y eficiente a nivel nacional para fomentar un mejor uso de este instrumento.

El mundo está a punto de entrar en una Era Digital, tras la Era Industrial que ha conformado los últimos siglos. Si nuestra Europa florece y prospera también en esta próxima Era Digital esto también lo decidirán las políticas que se adopten en el futuro. Denotamos cómo las cadenas de valores  digitales  mundiales  están  empezando  a  transformar  nuestras  industrias,  cómo  la iniciativa empresarial y la innovación están remodelando nuestro paisaje económico y cómo la educación, las competencias y el talento están siendo claves para el éxito. No obstante, debemos ser conscientes de que no todo el mundo se beneficiará de la digitalización; debemos estar preparados y saber preparar nuestras sociedades para esto. Debemos garantizar a nuestros ciudadanos que nadie se quedará atrás. Europa alcanzó su plenitud en la Era Industrial y estamos decididos a que también triunfe en la Era Digital. Estamos obligados a implantar unas políticas avanzadas para preservar un mundo abierto y digital. Es necesario establecer otros regímenes para proteger el control y el dominio del Estado. Pero nuestras sociedades se han construido  siempre  sobre  la  base  de  la  libertad,  la  democracia,  el  Estado  de  Derecho,  la apertura y la innovación. Con el logro de los objetivos climáticos apoyaremos el crecimiento económico y protegeremos nuestra seguridad alimentaria. Los nuevos objetivos climáticos para el 2030 son factibles, lo cual nos convertirá en líder mundial en energías renovables y ahorro energético.

La Unión Europea afronta unos cambios demográficos sin precedentes (una población envejecida, unos índices de natalidad bajos, cambios en las estructuras familiares y en la emigración). A la luz de estos retos, se impone la revisión y la adaptación de las políticas existentes, tanto en la UE como a nivel nacional. Reconocemos que las familias fuertes son una condición previa para un desarrollo demográfico positivo y abogamos por valores y políticas familiares. Necesitamos una respuesta más creativa y coordinada de la UE y de sus Estados miembros, así, reivindicamos una estrategia europea para el cambio demográfico y para un entorno más respetuoso con las familias y los niños. Esta estrategia debería tener por objeto la integración  de  los  retos económicos, sociales, científicos y el aumento del potencial de la población en edad activa. También, debería estimular un envejecimiento activo, saludable y crear nuevas oportunidades de solidaridad intergeneracional. Así mismo, se debería tener en cuenta la principales diferencias entre los Estados  miembros, y de dentro de ellos, lo que respecta a la esperanza de vida como a las condiciones de vida y laborales.

Nuestra Unión debe continuar integrándose en el mercado mundial. Debemos seguir siendo un continente  abierto  y competitivo.  Las ventajas para los  ciudadanos, los  consumidores  y  la economía en general superan con creces los efectos negativos. Aquellos que, debido a los cambios tecnológicos o al cambio de los patrones comerciales, pierden su sustento deberían recibir toda la ayuda necesaria para poder adquirir nuevas competencias y regresar al mercado laboral.  Los  acuerdos  comerciales  libres deben  ser  compatibles  con nuestro modelo  social europeo, con las normas ambientales y de protección del consumidor. El dumping comercial y los  monopolios  deben  ser  sistemáticamente  atajados,  y  sin  titubeos;  por  consiguiente, debemos cerciorarnos que tenemos unas políticas capaces de intervenir con firmeza y rapidez en caso de que se produzcan abusos al libre comercio. Los acuerdos comerciales libres nos hacen más competitivos y eficientes gracias a una mejor especialización, por lo que deberían generar un mayor número de puestos de trabajo e impulsar la prosperidad en toda Europa.

La creación del Mercado Único en Europa ha sido una fuente de prosperidad para todos. Aunque sigue quedando trabajo por hacer. Ahora debemos superar la fase de “libre circulación” y trabajar juntos con el objeto de crear una unión energética y digital para desvelar el potencial de crecimiento oculto. Estamos en el proceso de crear un Mercado Único sin fronteras para la energía, que reduzca nuestra dependencia con terceros países como Rusia, entre otros. En el campo digital debemos detener y darle la vuelta a la fragmentación existente que impide una mayor competitividad de la economía europea. La directriz universal debería ser la creación de un auténtico Mercado Único de la UE, también para los servicios.

Los resultados de prosperidad deben ser equitativamente compartidos. Debería mantenerse o restablecerse una competencia justa en los mercados de productos y servicios. No deberá haber obstáculos ocultos en las legislaciones nacionales para los competidores de los otros Estados Miembros. El combate del fraude y de la evasión fiscal a nivel nacional, europeo e internacional se ha convertido afortunadamente en una prioridad, pero no debemos cejar en estas acciones. Las multinacionales deben pagar impuestos, independientemente de cuándo y dónde consigan beneficios. Esto es evidente, especialmente en el caso del aumento de valor creado online y a través del comercio electrónico. En este caso debemos continuar esforzándonos en la promulgación de unas normativas adecuadas. Por consiguiente, se necesita una mayor armonización fiscal europea.

El logro de la justicia fiscal implica la no discriminación entre las rentas por el trabajo y los ingresos por los activos. En algunos Estados miembros, el descenso de los salarios reales en un clima de crecimiento económico plantea un auténtico problema de justicia social y de apoyo social para nuestra economía social de mercado. Supone también un obstáculo para el crecimiento económico. Es una de las causas del populismo político. El desempleo es, obviamente, la base principal de la desigualdad. El pleno empleo sigue siendo un objetivo prioritario. Es perfectamente posible conseguirlo y evitar a la vez un mercado laboral de dos velocidades: no queremos un empleo a tiempo completo y estable para unos y un empleo muy flexible pero muy mal pagado para otros, sobre todo para los jóvenes. Sin embargo, la mayor flexibilidad de los mercados laborales en determinados sectores es una respuesta inevitable a las demandas del consumidor, y por tanto debemos conseguir que nuestros sistemas de seguridad  social  sean más flexibles y hábiles  para abordar los nuevos intereses: en última instancia, deberían siempre fomentar la búsqueda de empleo. La UE debería favorecer y apoyar la movilidad transfronteriza de los jóvenes. Nuevamente en este caso, el conjunto de la Unión Europea y los Estados miembros individualmente, deberían trabajar conjuntamente con cada socio desempeñando su propio papel, pero colaborando en un esfuerzo colectivo y convergente.

En caso de un crecimiento insuficiente o un crecimiento que no genere un número suficiente de puestos de trabajo, debería implantarse una política especial basada en la formación y en una ayuda complementaria para facilitar la entrada de los jóvenes en el mercado laboral. La educación y las aptitudes siguen siendo las mejores garantías para el empleo. Es inaceptable tener escasez laboral en sectores orientados al futuro tales como el mercado digital. La inmigración económica será inevitable en muchos países, pero debe ser legal y organizada. La movilidad laboral permite el disminiur el desempleo y adecuar las aptitudes y los puestos de trabajo. La libre circulación de personas es clave para el éxito económico de Europa.

A nivel corporativo y administrativo, es decir a todos los niveles, debe haber un nuevo enfoque sobre el factor humano, que los empleados se sientan más felices en su trabajo y disfruten de un mejor equilibrio entre la vida profesional y personal. Un gran avance puede conseguirse dando  a  todos  un  papel  más  participativo  y  responsable  en  los diferentes niveles de  una organización. El malestar social de hoy en día también se constata en el lugar de trabajo. Contribuye al aumento de los males de la sociedad y a menudo impide mejoras a largo plazo en la productividad. Todos  estos  elementos  deben  proporcionar  un  significado  nuevo,  más  exhaustivo  y  más inclusivo al concepto de crecimiento económico, así como al modelo social europeo. Debemos ser a la vez más competitivos, más sostenibles y más humanos. Ahora más que nunca, debemos también entender la necesidad de que nuestros sistemas evolucionan continuamente y que se abandonen los modelos rígidos y estáticos de los retos tecnológicos. Esta política sólamente puede ser implementada en un entorno de estabilidad monetaria y presupuestaria. La Eurozona se ha visto reforzada por las anteriores reformas, pero debe alcanzarse una mayor consolidación y profundización en la Unión Económica y Monetaria para que con el tiempo, se convierta en una verdadera unión bancaria, económica y presupuestaria. Durante  los  próximos años,  las finanzas públicas  deberán  alcanzar el equilibrio estructural exigido por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, recuperar los márgenes y luchar contra los futuros sobresaltos. También se necesita un equilibrio macroeconómico. Necesitamos tanto la estabilidad fiscal como la competitividad para establecer la base de las reformas estructurales. La  Eurozona en su conjunto necesita un enfoque inspirado en la responsabilidad y la solidaridad.

Para salvaguardar un futuro próspero y sostenible, debemos hacer lo siguiente:

  • Destacar  la  necesidad  de  un  enfoque  gradual  para  culminar  la  Unión  Económica  y Monetaria (UEM);
  • Fomentar la inversión pública y privada para cerrar la brecha de inversión;
  • Continuar negociando con nuestros socios económicos unos acuerdos de libre comercio equilibrados con respecto a las normas y criterios de la Unión con el objeto de impulsar la competitividad y la prosperidad;
  • Conseguir que todos los mercados formen parte del Mercado Único Europeo y acabar con la fragmentación para impulsar la productividad;
  • Continuar trabajando en el cierre de las fisuras fiscales internacionales para garantizar que todas las empresas, independientemente de su tamaño, paguen un tipo impositivo justo;
  • Impulsar la convergencia social dentro de la Unión Europea para mejorar el nivel de vida en toda la Unión;
  • Invertir en los jóvenes y en la capacitación como parte de nuestros esfuerzos para reducir los niveles de desempleo en toda la Unión;
  • Alentar a los Estados miembros a ayudar a los pobres, y en la medida de lo posible, apoyando su reinserción en el mercado laboral;
  • Hacer que el lugar de trabajo sea seguro y saludable para que las personas se sientan valoradas y respetadas, independientemente de su edad, género o etnia;
  • Insistir en que las políticas fiscales de los Estado miembros respeten las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que posee la flexibilidad necesaria para el respaldo de las reformas estructurales y de la inversión;
  • Consolidar en  mayor  medida  la  Unión  Económica  y  Monetaria  para  garantizar  su flexibilidad, resistencia y su apoyo a la convergencia económica dentro de la Eurozona;
  • Crear un auténtico Mercado Único Digital;
  • Facilitar la cooperación entre las regiones más desarrolladas y menos desarrolladas, entre las zonas urbanas y rurales, así como facilitar la integración de la UE.
  1. La protección de nuestra Unión

La  seguridad  se  ha  convertido  en  una  de  las  principales  preocupaciones  de  nuestros ciudadanos. La Unión Europea afronta una serie de amenazas extraordinarias procedentes del este y del sur, tanto a nivel mundial como en la propia Unión. Solamente seremos capaces de contrarrestarlas  si  acometemos  un  cambio  radical  en  nuestra  política  internacional,  de seguridad y de defensa y nos convertimos en un interlocutor fuerte y responsable en el escenario  internacional  así  endurecemos  la  flexibilidad  por  la  que  se  conoce  a  la  Unión Europea.

Lucha contra el terrorismo y el extremismo islámico

Debemos combatir el terrorismo y erradicarlo. Esto exige una cooperación y una integración europea  mucho  más  sólida  en  términos  de  intercambio  de  información  por  parte  de  los servicios de inteligencia y intercambio de mejores prácticas, así como en términos de acción para la prevención para contrarrestar la radicalización y el terrorismo.  Necesitamos  armonizar la legislación antiterrorista. Se necesita una mayor cooperación a nivel policial y de los servicios de inteligencia en el marco de la UE, pero es necesario atacar el problema desde la raíz: la educación y la enseñanza son los lugares por donde empezar. Debe redoblarse la lucha contra las ideologías que inspiran el terrorismo yihadista y que crean en nuestros países unos sistemas paralelos en los que no se aplican los valores básicos del ser humano y de nuestras democracias liberales.

Impulso de la seguridad cibernética

La seguridad cibernética es otra área de importancia estratégica y de enorme preocupación. Para establecer un enfoque realmente paneuropeo en el logro de la seguridad cibernética, debería elaborarse e implantarse una estrategia de ciberseguridad europea común. Tal y como sucede en algunos Estados miembros, se debería contemplar también un intercambio regular entre  las  instituciones  de  la  UE  y  los Estados miembros  a  alto  nivel político. Para  ello  es fundamental establecer un marco de gobernabilidad común basado en unas normas de ciberseguridad armonizadas, en unas prioridades, en unos requisitos y en unos objetivos comunes en todos los Estados miembros de la UE. Para garantizar la protección de la privacidad de  los  ciudadanos  se  requiere un control y un  cumplimiento  eficaz de  la  Ley. Además,  la continua batalla contra los delitos cibernéticos depende de una mayor colaboración entre las autoridades públicas y el sector privado. Por este motivo, debemos invertir en innovación tecnológica con carácter global para favorecer nuestros esfuerzos colectivos en la lucha contra las amenazas de ciberseguridad.

Control de la emigración

El flujo de refugiados y emigrantes económicos que llega a Europa ha supuesto un desafío para nuestra capacidad de hacerle frente a nivel europeo, nacional y local. Por consiguiente, necesitamos un enfoque común europeo para abordar la emigración a gran escala. Para mitigar la emigración irregular, la UE debería prestar ayuda y protección dando prioridad a los propios países en crisis y a sus zonas circundantes. Debería ser la Unión Europea quien, de acuerdo con la legislación internacional, decidiera cuántos y quiénes pueden optar a la protección en Europa a través de una política de asilo común. En un momento en que Europa intenta defender sus valores universales, compartir la carga de los solicitantes de asilo y su coste será una dura prueba de solidaridad. Por esta razón, debemos favorecer el acceso legal a Europa con la ayuda de programas de reinserción. La integración en nuestras sociedades tendrá una enorme importancia en el mantenimiento de la cohesión social. Además, es necesario implantar rápidamente el acuerdo UE-Turquía y sus disposiciones relativas a la repatriación y readmisión de los emigrantes irregulares.

Necesitamos una política de repatriación común para los inmigrantes irregulares. Debemos establecer acuerdos con los países de origen de los emigrantes e instarles a colaborar en los procesos de identificación y repatriación. Cabe esperar que la cuota de África en la población mundial pase del 16,4 % del 2015 al 25 % en 2050 y al 39 % en 2100. Por consiguiente, se prevé que este continente sea quien más contribuya al futuro crecimiento de la población mundial. Deberán tenerse en cuenta estos hechos  y cifras para  tratar  el complejo  asunto  de la emigración, incluidos sus retos y sus oportunidades. Debemos abordar las causas subyacentes de la emigración con mayor seriedad, debemos ayudar a instaurar la paz con el vecindario del Sur de la UE e impulsar el desarrollo económico   mediante   la   inversión   en   empleo,   la   formación   profesional   y   la   iniciativa empresarial, entre los jóvenes y las mujeres africanas, sobre todo en el sector agrícola. También debemos invertir en buena gobernabilidad y en la construcción de la democracia en África, así como desarrollar planes con países africanos para reducir el crecimiento no sostenible de la población y evitar conflictos. Esto implica una estrecha colaboración con África y una revisión en profundidad de nuestra política tradicional de desarrollo. La financiación de determinadas inversiones, así como la captación de capital privado, cuando sea posible, debe ser una prioridad.

Es necesario preservar, afianzar y ampliar el sistema Schengen. La Zona Schengen debe ser capaz de salvaguardar y proteger sus fronteras exteriores. Se necesitan exclusivamente instrumentos de vigilancia europeos, junto con una política común de asilo y emigración para impulsar un mayor equilibrio entre las obligaciones humanitarias, por un lado, y la capacidad de los Estados miembros de la UE para la integración de los emigrantes, por otro. Al mismo tiempo, los países fronterizos de la zona Schengen deberían recibir más ayuda y asistencia.

Defensa común

La UE debe remodelar radicalmente la defensa y la seguridad, en colaboración con la OTAN y en estrecha relación con nuestros aliados norteamericanos. La Alianza Atlántica sigue siendo la piedra angular de la defensa territorial y colectiva de Europa, en paralelo con los compromisos recíprocos de solidaridad entre los Estados miembros de la UE. Trabajaremos por conseguir un mayor esfuerzo por parte de todos los Estados miembros para satisfacer los nuevos retos en defensa y seguridad, haciendo honor a los compromisos presupuestarios adquiridos y trabajar en estrecha coordinación y cooperación. Damos la bienvenida a los compromisos de los miembros de la OTAN de gastar el 2 % de su PIB en defensa e instamos a los Estados miembros de la UE a incrementar su futuro gasto de defensa en nuestra común seguridad.

La Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) debería basarse en una diplomacia convincente, una sólida base económica y unas fuerzas armadas preparadas. A la larga, deseamos ver la emergencia de una Unión Europea de Defensa y Seguridad que haga honor a su nombre y garantice nuestra propia protección, seguridad y defensa. Estamos convencidos de que  la  seguridad  y  la  defensa  de  la  Unión  solamente  será  lo  suficientemente  fuerte  para superar las amenazas actuales si nos mantenemos unidos. En los próximos años, la UE y sus Estados miembros deberán, en conjunto, aumentar el gasto de defensa, aportar y compartir las capacidades defensivas. Esto también comportará una mayor estabilidad en nuestros vecinos mediterráneos, actual fuente de terrorismo y de emigración incontrolada. La Unión no podrá convertirse en un auténtico interlocutor regional y mundial sin una dimensión militar relevante. Creemos que se necesita un mayor compromiso de los Estados miembros en relación a las disposiciones de la PCSD para garantizar un avance fluido en el logro de la PSCD y de la Unión

Europea de Defensa. Se necesitan unas sinergias mucho mayores en investigación, desarrollo y adquisición  de  instrumentos  militares.  Por  consiguiente,  damos  la  bienvenida  al establecimiento del Fondo de Defensa de la UE. Los grupos de combate deben finalmente entrar en acción. Apoyamos las propuestas de unos cuarteles generales civiles y militares y del instrumento  de  Cooperación  Estructural  Permanente  para  los  países  que  quieran  avanzar, como una coalición a disposición, con el fin de mantener e incrementar su capacidad militar con respecto al desarrollo del liderazgo, personal y material en el marco de los Tratados. El trabajo actual en el área de seguridad y defensa debería desembocar en el eventual establecimiento de unas Fuerzas Armadas Europeas.

Respuesta a la amenaza rusa

Aunque no es nuestro deseo, nuestras tensiones con Rusia bajo el mandato del Presidente Putin, podrían prolongarse con el tiempo. Reafirmamos nuestra determinación en apoyar a los Estados miembros que sean víctimas de agresiones. La guerra de la información forma parte integrante del ataque de Rusia a Europa, un ataque que apunta a las democracias liberales, a la cooperación transatlántica y a nuestro propio proyecto europeo. La UE debe implantar una estrategia   eficaz   y   detallada   para   contrarrestar   la   propaganda   y   las   campañas   de desinformación  rusas,  asignar  los  recursos  necesarios  y  ofrecer  una  respuesta  europea conjunta. Mientras que la OTAN se encargará de reforzar la defensa y la disuasión, la UE deberá centrarse en un refuerzo defensivo contra los métodos de Rusia ante una guerra híbrida. Esto abarca desde el incremento de las defensas contra el uso de información militarizada por parte de Rusia al refuerzo de la cohesión social para el refuerzo de la defensa cibernética. Para todo ello, es fundamental establecer una estrecha colaboración con la OTAN. Por encima de todo, la UE debe, junto con la OTAN, continuar defendiendo incondicionalmente los principios fundamentales como la inviolabilidad de las fronteras y de los derechos de las naciones a elegir sus propios sistemas políticos y económicos, así como su pertenencia a organizaciones internacionales. Esta firmeza debe ir acompañada de una oferta continua de diálogo y cooperación con Rusia, de conformidad con los valores de nuestra cultura común europea.

Protección de la estabilidad y de la paz en el Mediterráneo

El Mediterráneo es la frontera Sur de la Unión; garantizar la estabilidad, la paz y el desarrollo civil y económico en esta zona es una prioridad para la Unión. Queremos facilitar el proceso de paz en Libia, alentar el diálogo de toda la resistencia a ISIS/Daesh y la forja de una coalición en torno al gobierno legítimo. Debemos colaborar con este gobierno legítimo para reconstruir el Estado libio y controlar el tráfico ilegal de seres humanos que se está produciendo en el Mediterráneo mediante la repatriación de los inmigrantes irregulares en potencia a sus puertos de partida, de conformidad con la legislación internacional. Libia debería suscribir las Convenciones de Ginebra y ofrecer a los emigrantes la protección integral en el marco de los derechos humanos. La Unión debería colaborar eficazmente en el logro de unas políticas de reconstrucción y desarrollo.

Refuerzo de la cooperación con los países de la zona

Con el objeto de mejorar durante los próximos años la situación de seguridad dentro y fuera de nuestra Unión, debemos hacer lo siguiente:

  • Responder a  la  reciente  entrada  de  refugiados  y  emigrantes  con  una  acción coherente y estratégica;
  • Atajar la  actual  fragmentación  del  espacio  Schengen  y  proteger  mejor  nuestras fronteras exteriores;
  • Combatir el extremismo político y religioso en Europa;
  • Reforzar la resistencia a la guerra cibernética y preparar una respuesta de la UE a la guerra híbrida y a la guerra cibernética
  • Incrementar  y  ampliar  las  capacidades  operativas  de  la  recientemente  creada Guardia Europea de Fronteras y Costas;
  • Acabar con la grave situación de Siria y estabilizar los países circundantes;
  • Reforzar la cooperación de la UE sobre seguridad externa y defensa;
  • Apoyar la  recuperación  de  la  independencia  de  Libia  y  luchar  por  los  derechos humanos en Libia.
  1. Nuestra Unión como líder regional y mundial

Debemos mejorar y consolidar la imagen de la UE en el escenario mundial. Debemos mejorar nuestra capacidad de acción, profundizar en nuestra relación con Estados Unidos, prestar especial atención a los vecinos del Este y del Sur y buscar socios en todo el mundo. La alianza, en especial la existente entre Europa y Estados Unidos, incluyendo la Comunidad Atlántica, debe ser reforzada y redefinida en términos de igualdad. Necesitamos una política exterior europea real en la que los Estados miembros tengan una sola voz y transmitan el mismo mensaje. En los asuntos estratégicos, los Estados miembros deben intensificar su cooperación y actuar conjuntamente.

La Unión Europea es una Unión basada en valores y comprometida con la paz mundial. Por este motivo, la UE se sitúa al frente de la lucha contra el calentamiento global gracias a sus propios resultados alcanzados y su papel en las conferencias del cambio climático mundial; por este motivo es el mayor donante del mundo en términos de desarrollo y ayuda humanitaria; porque es un refugio para aquellos que buscan legalmente protección internacional; porque se opone al proteccionismo  comercial y aboga por un comercio libre,  equitativo y regulado; porque defiende los derechos humanos, la democracia y la libertad; y porque sigue siendo un socio clave de la ONU y de sus organizaciones.

La Unión y sus Estados miembros forman parte del mundo occidental, pero están abiertos al diálogo y a la cooperación con el resto del mundo. Estamos siendo flexibles en la protección de nuestros valores, dada nuestra sempiterna disposición a buscar una solución negociada. Debemos seguir siendo una voz firme a favor de los derechos humanos, las sociedades y las economías abiertas en todo el mundo.

Estabilización de nuestros vecinos del sur

La UE y sus Estados miembros deben continuar desarrollando las competencias necesarias para intensificar la estabilidad, incrementar la prosperidad y apoyar el Estado de derecho en los países vecinos del Sur. Esto incluye un renovado esfuerzo para acercarnos a nuestros vecinos del Mediterráneo a través del comercio y la cooperación: pero también implica acuerdos de readmisión y cooperación con los países de tránsito. Asimismo, la Unión debe consolidar su política con África, en estrecha colaboración con la Unión Africana, para combatir el terrorismo y  la  inestabilidad, favorecer  el desarrollo  socioeconómico, el  Estado de  derecho,  la  buena gobernanza y potenciar la sociedad civil. Este enfoque permitirá evitar una nueva crisis emigratoria. Además, Europa debe buscar una colaboración a largo plazo con los países africanos en rápido desarrollo. Debería prestarse especial atención a la creciente persecución de los cristianos y otras minorías religiosas en el mundo, en especial en Oriente Medio y el Norte de África. El avance en la protección de la libertad de religión exigirá un enfoque más sofisticado y efectivo en la política exterior y de seguridad de la UE y de sus Estados miembros.

El futuro de la ampliación y los vecinos del Este

La ampliación de la UE ha redundado en una Europa más estable, más democrática y más próspera. Sigue siendo uno de los logros de marca de la integración europea. También ha otorgado a nuestra Unión un mayor peso e importancia en los asuntos mundiales. La historia reciente nos ha otorgado una responsabilidad especial en la región de los Balcanes Occidentales. Únicamente la integración europea puede proporcionar una salvaguarda decidida contra el resurgimiento de fuerzas de desintegración nacionalista y de conflictos. La Unión podrá ampliarse si se considera su capacidad para la integración de nuevos miembros y si los miembros candidatos satisfacen plena e inequívocamente las condiciones necesarias y los criterios políticos de Copenhague, tales como el Estado de derecho, el respeto y la protección de los derechos humanos y de las minorías. El apoyo de la UE a través del Instrumento de Ayuda de Preadhesión (IPA) es de gran importancia.

No obstante, la plena adhesión a la Unión no es el único medio de colaboración. Deberán contemplarse otras formas de relación con la Unión. En cualquier caso, debemos tejer una red de socios en toda la Unión para aquellos países que no puedan o no quieran ser miembros de pleno derecho. El potencial del Área Económica Europea debería aprovecharse al máximo. Los programas de intercambio para los ciudadanos son los puntos de partida del aprendizaje y de la exploración recíproca de los valores europeos. Enriquecen a las personas como individuos, y crean vínculos que trascienden las fronteras. Debería hacerse un esfuerzo renovado para apoyar la democracia, consolidar el Estado de derecho, incrementar la cooperación comercial y económica, así como luchar contra la corrupción en los países socios del Este. Algunos de estos países tienen una perspectiva europea.

Para reforzar nuestro papel en el mundo, debemos hacer lo siguiente:

  • Desarrollar diferentes  formas  de  cooperación  con  los  países  vecinos  con  objeto  de construir una red de socios en torno a la Unión;
  • Convertirnos en un interlocutor mundial;
  • Reforzar la influencia diplomática a través de las capacidades militares y la voluntad de intervención, como complemento a la OTAN;
  • Construir unas alianzas más sólidas, tanto a nivel regional como mundial;
  • Invertir en instituciones internacionales eficaces, consolidar la posición de la UE y el derecho a voto de la UE en los organismos mundiales.
  1. Una Unión eficiente y democrática más cercana a sus ciudadanos

Las peticiones generalizadas de una mayor democracia en la UE demuestran el deseo de un gran número de ciudadanos de implicarse más en la toma de decisiones de la UE. En lo que respecta a las competencias de la UE, la elección directa del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea, con sus gobiernos electos, así como la Comisión Europea, elegida, aprobada y nombrada por el Parlamento Europeo y los Estados miembros a través del Consejo Europeo, son íntegra y democráticamente legítimos. También queremos dar a nuestros ciudadanos un mejor conocimiento del funcionamiento de nuestras Instituciones y de sus ventajas para nuestros ciudadanos, así como fomentar la adquisición de una mayor conciencia de ciudadanía común europea. Esta realidad debe consolidarse aún más con la ayuda de una mayor transparencia y una mayor implicación a nivel de las regiones y de las comunidades locales, representadas en el Comité Europeo de las Regiones. Deberían utilizarse más los medios de comunicación modernos para ampliar el espacio de interacción.

Mayor subsidiariedad y solidaridad

Las instituciones deben evolucionar todavía más mediante la adaptación y un mecanismo revisado que las haga menos burocráticas y que respete los equilibrios que rigen el funcionamiento de la Unión, los principios de subsidiariedad y solidaridad que actúan de guardianes de los Tratados. Los parlamentos nacionales deben ser reforzados y controlar la implantación del principio de subsidiariedad y los gobiernos nacionales miembros del Consejo. Las decisiones de la UE son vinculantes. Las decisiones a nivel europeo deben implantarse en todos los Estados miembros. Paralelamente, la Comisión debería prestar más atención a la implantación de la legislación de la UE en los Estados miembros antes de hacer nuevas propuestas.  El  Consejo y el  Parlamento Europeo  deben  apoyar  y  controlar  a  la  Comisión Europea en esta labor, con la máxima transparencia. Para llevar a cabo estar tareas, estamos convencidos   de  que la Unión y  los Estados  miembros  deben   trabajar   respetándose mutuamente y de conformidad con el principio de una cooperación sincera y leal. La Comisión tiene un papel político y debe ser el guardián respetado de los Tratados. El Consejo Europeo definirá la orientación política general y las prioridades de la Unión, y debería centrarse en ello.

La Unión  y la  Eurozona pueden  continuar su desarrollo dentro del marco de los Tratados actuales. Necesitamos establecer una colaboración más estrecha entre los niveles nacionales y europeos. Pero también, se necesita una mayor transparencia para que los ciudadanos puedan entender que institución y a qué nivel es la responsable. Los líderes nacionales tienen un papel clave en la reconexión de la UE con el público. Los miembros de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo deberían tener una mayor participación en los debates parlamentarios nacionales relacionados con los temas de la UE. Las instituciones de la UE deberían sistemáticamente acercarse a las autoridades municipales y regionales que conjuntamente disfruten de una mayor confianza entre los ciudadanos.

Reforma institucional

Consideramos el método comunitario como el método básico de trabajo de la UE, ya que ha demostrado ser democrático, transparente y eficiente. Deberíamos potenciar el papel del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales en sus respectivos niveles. Asimismo, debería intensificarse la cooperación entre el Parlamento Europeo y los Parlamentos Nacionales. Queremos que el Parlamento Europeo sea el guardián de la democracia. Por esta razón, debe potenciarse su capacidad para obligar a la Comisión a adoptar iniciativas legislativas y para responsabilizar a la Comisión. La posibilidades legales de las comisiones de investigación del Parlamento Europeo deben ser más firmes cuando los intereses de los ciudadanos están en juego. El Spitzenkandidatenprozess (proceso de elección de Presidente de la Comisión Europea) realza los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo y consolida la voluntad de los votantes. Apoyamos el único marco institucional existente en la UE. La colaboración parlamentaria para la Eurozona debería establecerse en el marco del Parlamento Europeo y prepararía todas las decisiones relacionadas con la Unión Económica y Monetaria. Los ciudadanos tienen derecho a entender las responsabilidades y las competencias de las instituciones de la UE. Por consiguiente, debe quedar muy claro en el marco del Tratado el Parlamento Europeo y los Consejos Ministeriales constituyen un sistema de bicameral en lo que se refiere a la fuente legislativa. Los métodos de trabajo de los Consejos Ministeriales deberían ser  más  transparentes  y  comprensibles  para  los  ciudadanos.  La  configuración  de  dichos Consejos debería incluir subcomisiones de los Consejos, reuniones en sesiones públicas y la adopción de acuerdos como legislador ordinario. En consecuencia, deberían adaptarse los estatutos de dichos  Consejos. La UE debería convertirse en una democracia parlamentaria completa. Nuestro objetivo es alcanzar un acuerdo y brindar una Unión mejor en la próxima década.

Mostrar liderazgo y una visión clara

En los últimos años, hemos visto un resurgimiento generalizado en el mundo occidental de los partidos extremistas, tanto de izquierdas como de derechas. Los populistas utilizan la crisis y la incertidumbre para despertar sospechas y hostilidad. Las simples respuestas de los populistas no resolverán las complejas cuestiones y problemas de hoy. El populismo está en desacuerdo con el progreso, la democracia y la economía social de mercado. El populismo, el nacionalismo y el antieuropeísmo son incompatibles con una Unión Europea firme y eficaz capaz de afrontar los  retos  del  mañana.  En  un  mundo  globalizado,  solamente  podremos  ser  soberanos  si juntamos nuestra soberanía. Todos nuestros Estados por sí solos, se convertirían rápidamente en una marioneta en las manos de algunos poderes políticos o económicos extranjeros. Nosotros, al contrario que los llamados nacionalistas, defendemos las soberanías, la identidad y la cultura de nuestros ciudadanos. El reto es preservar a nuestras sociedades abiertas y a la vez ofrecer una mejor protección contra la emigración irregular, el terrorismo y la creciente desigualdad en nuestras sociedades, así como contra la inestabilidad financiera y económica, la evasión fiscal y el fraude internacional. Necesitamos ser la fuerza política que responda a los intereses de nuestros ciudadanos; solamente así podremos combatir el miedo y la inseguridad. Debemos perfilar un nuevo equilibrio entre libertad, seguridad y equidad. En nuestra calidad de partido político europeo, lideraremos con el ejemplo para nuestros ciudadanos,  los incluiremos en el proyecto europeo y estableceremos una comunicación mucho más clara con ellos. Solamente, mediante un proceso que incluya un intercambio constante y con la obtención de resultados  con  nuestras  políticas,  seremos  capaces  de  explicar  nuestra  visión,  objetivos, acciones y, a largo plazo larga ganar un apoyo más amplio.

Para acercar la Unión Europea a los ciudadanos debemos hacer lo siguiente:

  • Facilitar una  mejor  coordinación  y  diálogo  entre  las  instituciones  democráticas europeas y nacionales;
  • Intensificar la competencia política y los debates políticos en la UE;
  • Consolidar los partidos políticos y los grupos políticos europeos;
  • Promover el Spitzenkandidatenprozess en el discurso público;
  • Hacer que las elecciones europeas sean menos nacionales y más europeas;
  • Responder a los intereses de los ciudadanos y a la falta de confianza en la clase política;
  • Explicar y promover los beneficios del proyecto europeo para los ciudadanos;
  • Impulsar una identidad europea y un sentido de pertenencia;

Proporcionar un futuro a los jóvenes

Debemos movilizar todos los medios disponibles para explicar a nuestros ciudadanos la pertenencia a la UE, en especial a la generación más joven. Los jóvenes son el futuro de nuestra Unión. Queremos que los jóvenes miren al futuro con esperanza y confianza. Creemos en la capacidad de los jóvenes europeos para crear, crecer y prosperar.  La generación más educada y mejor formada del mundo se merece más y puede lograr más. Con esfuerzo, compromiso social y responsabilidad política, los jóvenes europeos pueden consolidar nuestra Unión. Somos la fuerza política que invita a los jóvenes a participar en el proceso de toma de decisiones; por consiguiente, apoyamos las propuestas de jóvenes europeos de toda Europa. Esto implicará tener un sistema educativo interno y común mediante el logro de un completo reconocimiento de las cualificaciones en toda Europa; un marco europeo de modelos educativos; una mayor colaboración en la investigación y una mayor movilidad de estudiantes y profesores más allá de los programas de movilidad existentes; y por último, una licenciatura universal que permita a los estudiantes la completa y libre circulación por la UE. También apoyamos el lanzamiento de un Cuerpo de Solidaridad de la UE que ofrezca un marco de solidaridad europeo específico capaz de brindar a los jóvenes una experiencia de gran calidad tanto en los ámbitos de voluntariado como en los profesionales.

La formación profesional debe contribuir a reducir la brecha entre la formación y la educación con respecto a las habilidades y competencias demandadas por el mercado y la sociedad; todo ello a través del acceso a la movilidad, del reconocimiento de las cualificaciones y de unos modelos de mayor calidad. El desarrollo de la creatividad y del pensamiento crítico será fundamental  para todos  los  jóvenes.  El  desempleo  juvenil  debe  considerarse  como  un fenómeno distinto, teniendo en cuenta la importancia que está adquiriendo el desarrollo de competencias digitales y que continuará adquiriendo en un futuro cercano. Nuestra Unión Europea es una unión de sus ciudadanos, sus regiones y sus naciones. Está basada y se mantiene en la herencia de todas nuestras naciones, culturas, creencias y convicciones. Nuestra Europa se ve enriquecida por nuestras naciones y éstas florecen en la comunidad de otras naciones europeas. Es una Europa basada en la subsidiariedad y la solidaridad. Solo juntos podremos afrontar los retos mundiales y recuperar la soberanía de nuestras naciones y ciudadanos. Los valores y los intereses europeos deben ser defendidos por todos nosotros y de manera conjunta. La unidad en la diversidad, esta es nuestra visión común.