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El futuro del comercio europeo: valores tradicionales en la economía del mañana

Resolución aprobada por el Congreso del PPE, St Julian's (Malta) el 29 y 30 de marzo de 2017

Europa posee un soberbio patrimonio cultural, un patrimonio extraordinariamente diferenciado según las regiones y Estados Miembros de la UE, aunque unificado en última instancia en torno a las experiencias y los valores básicos comunes. Hemos conseguido integrarnos tras el conflicto de la reconstrucción y la reunificación. Compartimos los beneficios ganados a duras penas de la gobernabilidad democrática, del respeto de los derechos humanos y del Estado de derecho. Nuestras sociedades continúan hoy preservando lo mejor de nuestra herencia europea mediante la revalorización de la artesanía y de los productos de alta calidad, de los alimentos frescos y naturales, del trabajo respetado y protegido así como de un entorno natural limpio y responsablemente gestionado.

En el PPE nos comprometemos a luchar por la protección de una herencia que es nuestra y que compartimos. Sabemos que una de las mejores maneras de hacerlo es apoyando un comercio libre, justo y regulado. De hecho, es el comercio el que sentó los cimientos de la prosperidad y de la cooperación en la posguerra. El comercio va más allá de las exportaciones y las importaciones, de las inversiones y los flujos de capital, de los aranceles y las normativas. El comercio es un intercambio: un intercambio de productos, de servicios, de mejores prácticas, de culturas y de ideas. El comercio se basa en la intensificación de las alianzas consolidadas y en la creación de otras nuevas, así como en la construcción de puentes con países de todo el mundo. La historia nos ha enseñado los peligros del aislacionismo y del proteccionismo; no volveremos a caer en estos errores. En el PPE nos comprometemos a la construcción, junto con nuestros socios de todo el mundo, de una red de intercambio, una red de intercambio de ideas que establecerá los patrones de la economía del siglo XXI. Está en juego la paz mundial y la propia prosperidad, y con ella también, lo más valioso de nuestra herencia europea.

Asumir nuestras responsabilidades de líder mundial

El mundo nos mira: nos mira para ver si la UE habla y actúa como una sola voz en su calidad de socio comercial fiable y para ver si respetamos y cumplimos los mandatos decididos por los Estados Miembros; nos mira para ver si podemos mostrar la vía de avance hacia un comercio abierto, justo y regulado por el Estado de derecho. Como Estados Miembros individuales, somos más o menos pequeños en comparación con los mercados y las estructuras de poder globales. Pero como unidad individual, con más de 500 millones de ciudadanos, somos fuertes, somos la economía más grande del mundo. Si actuamos conjuntamente, podemos hablar en voz alta y fuerte de nuestros valores y nuestra ayuda para la modelación de la globalización.

Estos valores europeos, como el Estado de derecho y la democracia, deben afrontar ahora unos retos nunca vistos desde hace mucho tiempo. La creación de acuerdos comerciales con aliados europeos poderosos como Canadá y Estados Unidos, nos permitirá no solamente resistir las presiones actuales, sino que también nos permitirá seguir al frente utilizando una vía mejor: una vía guiada por la democracia y la diplomacia, el comercio justo, los valores compartidos y las protecciones jurídicas.

La UE se compromete a intensificar nuestras relaciones con otros socios, como por ejemplo Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Vietnam, Turquía, Ucrania y varios miembros sudamericanos de Mercosur. Estos países también están en marcha, y sus ciudadanos aspiran a compartir y contribuir a los beneficios de la creación de una riqueza segura y sostenible, de la cual el comercio es un importante impulsor.

Crecimiento del pastel económico

Más de 30 millones de trabajos de la UE, o uno de cada siete, dependen del comercio con el mundo exterior. Por cada mil millones de euros en exportaciones, Europa crea 14 000 nuevos puestos de trabajo. De hecho, la mayoría de las importaciones en la UE, un 80 % en total, están compuestas por materias primas, energía, piezas y componentes, la mayoría de los cuales son reexportados en forma de productos de mayor valor. Nuestra economía, nuestro estilo de vida, depende del comercio.

La mayoría de los economistas están de acuerdo que en el contexto de un crecimiento mundial lento, la intensificación del comercio es una de las mejores maneras de impulsar la prosperidad y de crear nuevos puestos de trabajo, trabajos que suelen estar mejor pagados. La eliminación de los aranceles puede reducir los costes de los consumidores y de los productores por igual; y una cuidadosa armonización de las normas entre los socios comerciales puede reducir las ineficiencias, expandir el acceso al mercado, y en última instancia, elevar los niveles lo máximo posible. Lo cual es necesario y bueno para todo el mundo.

La creación de una serie común de reglas del juego fomenta también la competitividad. Los fabricantes, agricultores y profesionales europeos se encuentran entre los más productivos y capacitados del mundo. ¿Por qué deberíamos tener miedo de que compitan en términos de igualdad? ¿Por qué Europa no puede ser el lugar más deseado por los inversores para colocar su capital? El logro de estos objetivos exigirá la elaboración de unas políticas claras, sensibles y proclives al crecimiento; exigirá la finalización del Mercado Único; exigirá la captación de los estudiantes y de los profesionales más brillantes de todo el mundo, que crean que Europa ofrece un clima de innovación y la consideren un lugar seguro para todos los participantes en la economía social de mercado.

Unos acuerdos comerciales favorables beneficiarán en especial a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), que constituyen el 99 % de las empresas europeas. Estas empresas, por ejemplo, podrían ofrecer productos especializados, servicios exclusivos o productos digitales a los nuevos mercados, siempre y cuando se eliminen las protecciones arancelarias o se armonicen las normativas extranjeras con las normas de la UE. Es muy probable que estas empresas tengan unos márgenes más pequeños, y por tanto, menos posibilidades de superar los obstáculos legales o regulatorios. Por consiguiente, serían las PYMES las que más ganarían con un acceso más fácil al mercado que les permitirían unos acuerdos comerciales de última generación.

Muchos ciudadanos europeos han expresado su legítima preocupación que aunque los acuerdos comerciales consigan impulsar el crecimiento a largo plazo y puedan ser dolorosa en su desarrollo. Tienen miedo de que la gente se quede rezagada en una economía cambiante. Para resolver esta preocupación debemos tender puentes para que nadie se quede rezagado.

Los acuerdos comerciales de última generación deberán pues incluir garantías tales como unos procesos de revisión regulares y unos cometidos bilaterales que aborden cuestiones concretas como la sostenibilidad, las protecciones geográficas y las contrataciones. Pero existen también otras maneras de garantizar que los productores de la UE se beneficien de las mismas ventajas del comercio justo que los productores de otras partes del mundo. La modernización de los Instrumentos de Defensa Comercial de la UE (TDI, por sus siglas en inglés) es un buen comienzo. El PPE, además, aboga por la consideración de un mayor número de garantías para el empleo, además de los acuerdos comerciales propiamente dichos: por ejemplo, programas de refresco y actualización para los trabajadores. Abogamos por políticas que faciliten, no que dificulten, la búsqueda de empleo y el traslado laboral para los europeos. Nos sentimos orgullosos, por ejemplo, de las iniciativas existentes como el Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización (FEAG), que ofrece apoyo a aquellas personas que pierden su trabajo como consecuencia de los cambios en los modelos comerciales y el Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE), que apoya a las empresas innovadoras que necesiten solamente un empuje adicional de capital para prosperar y crecer. Políticas como estas nos permitirán defendernos contra la competencia desleal y apoyar a aquellas personas que intenten adaptarse a un comercio expandido en un determinado sector.

Orgullosos de la calidad europea

La UE posee algunos de los productos de más alto nivel y más considerados del mundo. ¿Cómo podemos preservar la calidad y la disponibilidad de los productos locales, y al mismo tiempo garantizar a nuestros propios productores las herramientas necesarias no sólo para sobrevivir sino también para incrementar su propia cuota de mercado? Unos acuerdos comerciales firmes y coherentes ofrecen a Europa la posibilidad de preservar y promover nuestra calidad de alto nivel reconocida en todo el mundo entre los consumidores extranjeros. El PPE no aceptará unos niveles menores o más bajos de protección, y no renunciaremos al derecho de la UE a regular. Más bien al contrario, nos aseguraremos de que los niveles de la UE se conviertan en las nuevas normas del comercio del siglo XXI. Quienes ganarán con ello serán tanto los consumidores de la UE como los productores.

Muchos de nuestros ciudadanos han expresado su especial preocupación por la seguridad y la calidad alimentaria. El PPE reivindica su continuo compromiso por la protección del principio de precaución en la seguridad alimentaria: esto significa que no se admitirá la entrada en la UE de ningún producto alimentario que no demuestre ser seguro. No obstante, existe otra cuestión que afecta a la agricultura europea, el reto de mantener la competitividad ante los productores mundiales; esto significa garantizar a nuestros agricultores el acceso a las tecnologías de vanguardia y a las estructuras organizativas modernas necesarias para continuar comercializando sus productos de alta calidad en el mercado. Para resolver esta cuestión, el PPE expresa su apoyo al programa existente Horizon 2020 que contempla la educación agrícola y la I+D como elementos impulsores del desarrollo rural sostenible. Reivindicamos el trabajo continuado en la iniciativa “pueblos inteligentes” para la consolidación de estos esfuerzos, concretamente, en todo lo relacionado con los intereses de los agricultores locales; abogamos por realizar nuevos esfuerzos para garantizar un etiquetado claro y estandarizado en toda la UE con el fin de permitir que los consumidores sepan identificar, gracias a un lenguaje claro, exactamente lo que están comprando. En pocas palabras, nos comprometemos a proteger los niveles de alta calidad de los alimentos vendidos en Europa así como la propia capacidad de los agricultores europeos para seguir siendo competitivos en un mundo cada vez más interdependiente.

Acuerdos comerciales sobre los que los ciudadanos expresan su opinión

Sabemos que hay muchos ciudadanos preocupados porque todas las negociaciones sigan siendo democráticamente responsables. ¿Cómo deberían ser? ¿Deberíamos esperar a que nuestros negociadores nos mostraran sus cartas en las rondas de conversaciones? ¿Cabe esperar que todos los gobiernos locales o regionales aprueben un acuerdo antes de que la totalidad de la UE pueda beneficiarse del mismo? El PPE corrobora los esfuerzos de la Comisión Europea para proporcionar a los ciudadanos de la UE la máxima información posible sin por ello se debilite la posición negociadora de la UE. De hecho, nunca antes había habido tanta información disponible. Y las negociaciones comerciales siguen siendo más democráticas, no menos. El Parlamento Europeo se ha implicado en la redacción de los mandatos de cada negociación y sigue estando informado de todas las fases de las conversaciones. Asimismo, las organizaciones no gubernamentales y otras partes interesadas realizan aportaciones a lo largo del proceso. Y una vez finalizado el acuerdo, este deberá ser rubricado por el Consejo de Ministros, que representa a los gobiernos nacionales elegidos democráticamente. A continuación se celebrará un debate y se someterá a la votación positiva o negativa del Parlamento Europeo, cuyos Miembros son directamente responsables ante los componentes de la UE. El PPE sigue creyendo que es la Comisión Europea quien tiene autoridad para negociar los acuerdos comerciales en nombre de los Estados Miembros de la UE; reconocemos los numerosos procesos democráticos profundamente arraigados y previamente aplicados para el mantenimiento de la responsabilidad de la Comisión en sus mandatos. Si los líderes nacionales o a nivel de la UE no hacen su trabajo, deberíamos no votarlos; mientras tanto debemos dejar que los representantes hagan el trabajo para el que fueron elegidos.

Ser justos con los inversores de la UE y proteger la política pública de la UE

Otra de las preocupaciones expresadas por un gran número de ciudadanos está relacionada con la protección de la inversión. Por un lado, algunos temen que las empresas extranjeras puedan actuar como un caballo de Troya y debilitar la regulación de la UE; por otro, es importante proteger a nuestros propios inversores de la UE de caer en las arenas potencialmente movedizas de las políticas de los gobiernos extranjeros. Los acuerdos comerciales de última generación tienen en cuenta los intereses de los inversores y de los ciudadanos privados de la UE. La UE está desarrollando los sistemas judiciales existentes, en respuesta a las aportaciones y al diálogo de todas las partes interesadas con el objeto de crear un marco legal más previsible, más responsable y con menos resquicios.

El Sistema Judicial de Inversiones (ICS, por sus siglas en inglés), por ejemplo, representa un paso adelante: las decisiones son adoptadas por jueces independientes perfectamente formados y pagados con dinero público mediante unos procedimientos totalmente transparentes. El PPE seguirá apoyando soluciones innovadoras tales como esta para el diseño de unos mecanismos más justos y más democráticamente receptivos para la resolución de disputas entre los Estados y los inversores. Debemos crear un sistema en el que nuestros inversores confíen en que estarán protegidos contra los cambios imprevistos en la política, a la vez que garantizar que los Estados 5

Miembros podrán siempre establecer políticas favorables para los intereses de seguridad y bienestar de sus ciudadanos. Esta es otra cuestión sobre la que la UE, y el PPE, muestran su condición de líder en el establecimiento de las nuevas reglas para el comercio del siglo XXI.

Una larga tradición de progreso

La paz y la prosperidad europea, de hecho la paz y la prosperidad del mundo, se ha basado en el comercio de uno u otro tipo. Chocolate, aceite, agua, trigo: damos por sentado tener recursos como estos. Lo mismo sucede con tecnologías tales como la aritmética, la dinamita, la imprenta y la conexión wifi. El comercio no solamente contempla el desarrollo de productos e ideas, sino también el hecho de compartirlos en beneficio mutuo de los socios. Si seguimos disfrutando de los frutos del proyecto europeo, si queremos seguir manteniendo los altos niveles de seguridad, de justicia y de calidad existentes en nuestras sociedades, debemos a provechar las oportunidades que se nos presentan ahora para liderar el avance y no retroceder en el pasado. La historia nos ha enseñado esta lección. El comercio libre, justo y regulado es bueno para los ciudadanos, los trabajadores y los consumidores europeos por igual. Es bueno para las empresas europeas, sobre todo para las PYMES. El comercio favorece la conservación de los valores europeos y potencia el papel de Europa en el mundo.